Aún me parece mentira que no lo supieras. Que no se me notara, bueno, que no me lo notaras. Que habláramos durante horas, días... como si al instante siguiente te fueses a esfumar, yo corría detrás. Como si no tuviese nada más que hacer. Tú me seguías el juego, nos vigilavamos, como si fuésemos inmunes al tiempo, pasaban las horas. No teníamos prisa, pero aquello se acababa. Perdíamos velocidad cada segundo, pero no nos apresurábamos. Nos subimos a trenes diferentes y ahora caminamos por distintas autopistas. No sé si tú has encontrado tu lugar, pero yo sigo tan perdida como siempre. Nunca he sabido a dónde iba, yo sólo me limito a seguir a la gente, tu estela era perfecta.
Ahora mi corazón es de metal, ya no pierdo tanto el control, porque ya no lo tengo. Ahora, pienso con la mente, ya no me la juego. Prometo volver, pero dame tiempo, date tiempo y nos encontraremos.
Quizás no fuese nuestro destino, puede ser que el futuro nos de más, puede ser que mañana me arrepienta de escribir esto, puede ser que mañana se asome por la ventana algo más fuerte que esto. Hoy no lo sabre, pero estoy segura que tú tampoco te lo imaginas. Ni imaginas que te escribo. No imaginas, porque no piensas en mí como lo hago yo.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
0 repercusiones sociales:
Publicar un comentario